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Inmigrantes en NYC sin apoyo para salir de los refugios

Solicitantes de asilo en NYC pasaron más de cinco noches durmiendo en la calle afuera de un hotel de Manhattan luego de que los refugios de la ciudad superaron su límite.

En las afueras del Hotel Roosevelt de Manhattan, un grupo de inmigrantes se acostaba sobre cajas de cartón. En bolsas plásticas de supermercado, guardaban sus pocas pertenencias. A pocos metros, un hombre lavaba su cara y cuello con una botella de agua, usando sus dedos para lavarse los dientes. Sin poder acceder al hotel que recibe inmigrantes solicitantes de asilo, muchos decidieron usar el baño público de una estación de trenes, por lo que algunos llevaban 5 días sin bañarse.

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Esa noche, manguera en mano, los equipos de limpieza de la Ciudad de Nueva York limpiaron la calle afuera del hotel. El único rastro que quedó de los migrantes fueron un par de retenes policiales y unos conos anaranjados. 

Unos días antes, muchos solicitantes de asilo fueron avisados de que no había espacio para ellos en los albergues de la ciudad. Unas 200 personas terminaron durmiendo en la calle. 

Habían viajado por miles de kilómetros desde Perú, Senegal, Venezuela, Mauritania y otros países, con la idea de que en Nueva York les darían un techo y una cama. 

La idea era cierta, ya que por más de un año, el gobierno de Nueva York sí brindaba refugio gratis a decenas de miles de solicitantes de asilo recién llegados. Así, escuelas vacías, cárceles cerradas y más lugares se han convertido en refugios temporales.  El problema es que la mayoría de los solicitantes de asilo no ha podido salir del sistema de albergues porque el gobierno federal demora en entregar permisos de trabajo. Sin ellos, el encontrar un empleo se hace muy difícil. 

Según cifras entregadas por las autoridades, un promedio de 500 inmigrantes llegan a Nueva York. En su mayoría son solicitantes de asilo, que dijeron a Documented que aunque quisieran dejar de vivir en refugios, no pueden debido a los retrasos en obtener un permiso de trabajo y el alto costo del alquiler. 

De los aproximadamente 95.600 solicitantes de asilo que se registraron en Nueva York desde la primavera del 2022, un 59% todavía está viviendo en albergues, según Anne Williams-Isom, vicealcaldesa de salud y servicios humanos. 

Y si en marzo de 2022, antes de la masiva llegada de solicitantes de asilo, alrededor de 40.000 personas estaban viviendo en albergues de la ciudad, hoy la cifra asciende a cerca de  108 mil personas al 30 de julio de 2023. Es decir, un aumento de 170% 

Solicitantes de asilo en las afueras del hotel Roosevelt dijeron a Documented que viajaron miles de millas para llegar a Nueva York, pero no esperaban dormir en la calle al llegar. Foto: Giulia McDonnel Nieto del Rio para Documented

Sin espacio

El alcalde de Nueva York, Eric Adams, declaró a principios de agosto que “no hay más espacio” en la ciudad. Al mismo tiempo, las familias viviendo en albergues dicen que no pueden mudarse a una vivienda permanente. 

“Quisiera salir del refugio para no depender del gobierno”, dijo Yeraldin Ruiz, 24, una migrante de Venezuela. Tiene un año de vivir en Nueva York y todavía carece de un permiso de trabajo y Número de Seguro Social. Dijo que sólamente su esposo trabaja, ya que ella necesita cuidar a su hija. Agrega que su ingreso no es suficiente para cubrir el alquiler, por lo que intentaron buscar ayudas sociales. Pero al tener documentos en trámite, todavía no califican. 

La joven venezolana, parada en las afueras de otro hotel de Manhattan que funciona como refugio para migrantes, dijo que el personal de su refugio le ha preguntado cuándo va a mudarse. “Les dije, ¿cómo quieres que me mude si nadie me quiere alquilar un apartamento? Les dije que no quiero quedarme aquí, quiero irme”. 

En julio, personal del gobierno de Nueva York se reunieron con Alejandro Mayorkas, el secretario del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en español). La administración del Alcalde Eric Adams enfatizó que la Ciudad indicó que quieren tener acceso a recintos federales para que sirvan como albergues. También pidieron acelerar la entrega de permisos de trabajo y que el gobierno declare una emergencia nacional. 

“Dijimos claramente que la Ciudad no puede seguir cargando todo el peso de un problema nacional”, afirmó Williams-Isom. 

A partir del 19 de julio, los hombres solteros solicitantes de asilo pueden quedarse en albergues de Nueva York por un máximo de 60 días. Después de ello, tendrán que volver a solicitar un refugio. 

Personas que trabajan con migrantes sostienen que la Ciudad debería apoyar a los solicitantes de asilo que necesitan encontrar una vivienda permanente. “Salir de un refugio es un desafío para las familias ya que no hay programas que les ayuden”. Dijo Murad Awawdeh, director ejecutivo de la Coalición Inmigrante de Nueva York, en una entrevista con Documented. 

Josh Goldfein, un abogado con la Sociedad de Ayuda Legal (Legal Aid Society) de Nueva York, sostuvo que el sistema de albergues “presume que las personas son elegibles para los programas de ayuda de la Ciudad”, lo que no es el caso para la mayoría de los solicitantes de asilo. 

Un portavoz de la alcaldía dijo que el alcalde no tiene la autoridad para abrir los programas de vivienda asequible a migrantes sin un cambio en las leyes estatales. 

Alexandra Moina, 39, una migrante de Ecuador, afirmó que no tiene ni familiares ni amigos en Nueva York para que la ayuden. Desde que llegó a la ciudad, ha pasado 6 meses viviendo en un hotel-albergue con su pareja e hija de 13 años. Moina todavía carece de un permiso oficial de trabajo. Encontró un trabajo limpiando apartamentos, pero lo dejó cuando sus empleadores la dejaron de pagar. “Se aprovecharon de mí”, aseguró. 

No quiere seguir dependiendo de los albergues de la Ciudad, sostuvo, mientras hacía cola para recibir desayuno en las afueras de un despensa de comida. Aún así, no puede mudarse debido a los altos costos del alquiler y la falta de un trabajo estable. “Se tarda mucho tiempo”, dijo. 

Ese despensa de comida brinda comida gratis a 400 personas diarias, el doble de las que servía en enero de este año, según su directora, Pauline Auguste. La mayoría de los beneficiados son solicitantes de asilo que tienen meses de vivir en albergues cercanos. 

Activistas y oficiales electos locales sostienen que el gobierno de Nueva York no está coordinando sus esfuerzos para ayudar a los solicitantes de asilo. En una entrevista con Documented, la Concejal Shahana Hanif dijo que nunca recibe comunicación sobre los planes para abrir nuevos refugios para solicitantes de asilo. 

“Queremos construir la infraestructura necesaria para apoyar a esos individuos y sus familias a largo plazo”, Hanif dijo. 

Un portavoz de la Ciudad dijo que cada semana el alcalde proporciona información actualizada a los políticos locales. 

Al mismo tiempo, en las afueras del Hotel Roosevelt, que sirve como el único centro de registro para los migrantes que llegan a Nueva York, los solicitantes de asilo estaban durmiendo en el piso, antes de que la zona fuera despejada. 

Documented entrevistó a más de doce solicitantes de asilo en las afueras del Roosevelt. Dijeron que no tenían otra opción que aguantar las condiciones precarias de dormir en la calle. 

“No dormí para nada”, dijo Monica Martinez, 46. La migrante peruana era de las pocas mujeres no acompañadas esperando afuera del hotel, y dijo que estaba preocupada por su seguridad. 

Para algunas de las personas haciendo cola esta no fue su primera vez ingresando al sistema de albergues de la ciudad. Savi Khalil, un solicitante de asilo de Mauritania, llegó a Nueva York hace 3 meses y vivió en un refugio por 2 meses. Al no lograr encontrar empleo por su falta de papeles, decidió irse a Ohio para un trabajo de pintor. Sin embargo, prefirió volver a  Nueva York. La cola afuera del Hotel Roosevelt le sorprendió. La última vez que llegó a Nueva York recibió una cama de inmediato. Aún así, Khalil, de 31 años, manifestó su agradecimiento a los neoyorquinos por darle comida y agua en la cola. No tenía ni amigos ni familiares, así que tendría que esperar. “No me queda de otra”, dijo.

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