Tras el fracaso del estado en aprobar protecciones contra el calor en los lugares de trabajo durante la sesión legislativa, defensores de los derechos laborales calificaron de racista una declaración que instaba a los legisladores a votar en contra de este proyecto de ley.
El documento, compartido en exclusiva a este medio, fue redactado en 2024 por la New York Farm Bureau (NYFB), el mayor grupo de lobby de la industria agrícola del estado. En él, el NYFB afirmaba que la Temp Act, una legislación que obligaría a los empleadores a cumplir con normas para proteger a los trabajadores en exteriores e interiores expuestos a temperaturas superiores a los 26,6 °C (80 °F), establecería estándares “imprácticos” para la industria agrícola.
“Debe mencionarse que muchos trabajadores agrícolas provienen de países con climas muy cálidos (sic), a través del programa federal H2A, como México y Jamaica, y trabajan (sic) sintiéndose muy cómodos trabajando en Nueva York durante el verano”, señalaba el documento del NYFB.
Gabriella Szpunt, coordinadora de United Farm Workers (UFW), un grupo que ha logrado sindicalizar a más de 500 trabajadores agrícolas en cinco granjas del estado, consideró que el lenguaje usado en el memorándum tiene una carga racial evidente.
“Los trabajadores de Jamaica y México son seres humanos como todos los demás, lo que significa que necesitan lo que se ha demostrado que salva vidas: sombra, agua y pausas pagadas para descansar, para estar seguros mientras realizan trabajos físicamente exigentes en temperaturas peligrosamente altas”, declaró a Documented. “Cualquier sugerencia en sentido contrario es racista”.
Charlene Obernauer, directora ejecutiva del New York Committee for Occupational Safety and Health (NYCOSH), y una de las principales impulsoras del Temp Act, también condenó la declaración publicada por la NYFB.
“Una organización cuyo principal argumento contra protecciones laborales que salvan vidas se basa en una seudociencia racial científicamente inexacta no debería tener ninguna credibilidad ante la Legislatura del Estado de Nueva York”, declaró a Documented.
Amanda Powers, la directora de comunicaciones para NYFB, rechazó las acusaciones de racismo: “nos resulta profundamente perturbador escuchar acusaciones falsas de racismo. Condenamos firmemente el racismo, como lo demuestra nuestro largo historial de apoyo a los trabajadores agrícolas inmigrantes y trabajadores agrícolas de color”, dijo en una declaración entregada a Documented.
A pesar de la polémica afirmación de ellos, estudios han demostrado que las lesiones relacionadas con el estrés térmico afectan de forma desproporcionada a los trabajadores inmigrantes, que con frecuencia están empleados en sectores al aire libre y físicamente exigentes como la agricultura.
Un informe publicado en 2024 por el contralor de Nueva York, Brad Lander, reveló que en la ciudad mueren anualmente 580 personas por causas relacionadas con el calor. El informe también señaló que un tercio de la fuerza laboral trabaja al aire libre durante largos períodos, y que la gran mayoría de esos trabajadores son inmigrantes no ciudadanos.
Las afirmaciones del NYFB, de que los trabajadores no blancos aguantan mejor el calor extremo, no son nuevas y vienen de teorías pseudocientíficas que existen desde hace siglos.
En 1851, por ejemplo el médico de Luisiana, Samuel Cartwright, justificó la esclavitud de africanos en una carta a Daniel Webster, el entonces secretario de Estado de EE.UU. En ella, argumentaba que los blancos no estaban naturalmente capacitados para trabajar en plantaciones calurosas de algodón y azúcar. Para los africanos esclavizados, en cambio, ese trabajo “resultaba ser solo un ejercicio saludable y beneficioso para el negro”.
En el pasado se ha considerado que los trabajadores chinos en los campos de caña de azúcar de Hawái se adaptaban mejor al clima extremo que los trabajadores blancos.
A eso se le suman otras teorías sobre los recolectores japoneses de fruta en California, quienes supuestamente “soportaban mejor el calor en ciertas localidades que la mayoría de las otras razas”.
Otro ejemplo vino también con los obreros mexicanos que trabajaban en los calurosos hornos de las fábricas de acero de Pennsylvania en los años 20. A ellos también se les atribuyó la capacidad de “soportar bien el calor”.
Un estudio de 2019 publicado en American Journal of Industrial Medicine derribó todas estas teorías: los trabajadores de construcción negros tienen un 51% más de probabilidades de morir por calor, mientras que los trabajadores latinos tienen un 91% más de probabilidades de fallecer por enfermedades relacionadas a la exposición de altas temperaturas.
Emma Kreyche, directora de Incidencia, Alcance y Educación del Worker Justice Center de NY, señaló que estas visiones raciales anticuadas sobre los trabajadores inmigrantes son un ejemplo del porqué es tan importante aprobar la Temp Act, la legislación que regula las condiciones para los trabajadores.
“La idea de que la raza o el origen nacional de un trabajador anulan la necesidad de protecciones básicas frente a temperaturas extremas es absolutamente absurda”, dijo.
“El proyecto TEMP propone medidas de sentido común para prevenir enfermedades relacionadas con el calor entre trabajadores vulnerables, como garantizar que puedan descansar a la sombra e hidratarse durante su jornada”.
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