Dentro de la iglesia St. Ann & the Holy Trinity en Brooklyn Heights, a finales de abril, se reunieron más de una docena de madres con sus bebés, algunos de apenas seis semanas de nacidos. Se sentaron en un círculo y agitaron cintas de varios colores mientras cantaban canciones infantiles.
Entre ellas estaba Jaqueline Espinales, una madre nicaragüense que asistió al encuentro junto a su esposo, su bebé de cinco meses y su hijo de 13 años. Ella movía su cabeza al ritmo de la música, con su bebé descansando sobre sus brazos.
A su alrededor, voluntarios repartían comida y etiquetas con los nombres de las familias mientras guiaban a los asistentes por las actividades preparadas para el día. Había una mesa para diseñar tarjetas para el Día de la Madre, una pared donde los adultos podían dejar mensajes de apoyo en notas adhesivas y un fondo decorativo con las palabras “Welcome Baby” (Bienvenido, bebé) para fotografías profesionales.
Para Espinales, el encuentro representó una oportunidad para crear nuevos recuerdos con su familia y recordar cuando vivían en su país de origen y su hijo adolescente era apenas un niño pequeño.
“Este momento me hizo volver atrás”, dijo Espinales, quien tiene estatus de refugiada. “Estoy muy agradecida con los organizadores, los voluntarios y con Dios por poder compartir esta tarde con mi familia. Es un ambiente acogedor”.

El evento, realizado el 26 de abril, fue un baby shower comunitario organizado por New Neighbors Partnership (NNP), una entidad sin fines de lucro de en la ciudad de Nueva York que apoya a familias inmigrantes recién llegadas mediante donaciones de ropa y redes de apoyo social. Unas 80 personas asistieron para celebrar a 16 madres primerizas antes del Día de la Madre.
Más allá de celebrar a las madres, el objetivo del evento es fomentar una comunidad que ayuda a las familias a adaptarse a la vida en sus nuevos hogares, según algunos de los participantes.
Un informe de 2024 concluyó que las mujeres refugiadas y solicitantes de asilo tienen un “mayor riesgo” de desarrollar depresión posparto (PPD, por sus siglas en inglés) en comparación con otros grupos de madres. Según el informe, aproximadamente el 25% de las madres que han huido de sus países podrían enfrentar síntomas leves o severos de depresión posparto. También destacó que las madres migrantes enfrentan factores particulares —como experiencias traumáticas previas a la migración, falta de apoyo, bajos ingresos y estrés— que pueden contribuir a esta condición. “Las mujeres refugiadas y solicitantes de asilo pueden beneficiarse de grupos de apoyo, ayuda individual, mecanismos de afrontamiento y apoyo familiar”, dijo el informe.
Una organización humanitaria conectó a Espinales, de 34 años, con NNP hace casi tres años. “Era para sentirnos conectados con otras familias que están, como nosotros, adaptándose a la vida en Nueva York”, dijo. Contó que, a través de las cenas comunitarias organizadas por la entidad, conoció a familias que, como ella, habían emigrado a EE.UU.
Esas familias compartieron consejos sobre cómo usar el sistema de metro y recursos escolares para su hijo de 13 años, dijo. También recibió ropa usada en buen estado de una familia local que conoció por medio de un programa de intercambio de NNP.
“Me daban cajas llenas de ropa. También me dieron una computadora que estaba en muy buenas condiciones”, recordó. Además dijo que ha recibido pañales y ropa para su bebé de cinco meses. “Ha sido de mucha ayuda porque no puedo trabajar durante la semana por el bebé. Mi esposo trabaja en construcción, así que esto es una gran ayuda”.
Shoshana Akabas Barzel, fundadora y directora ejecutiva de NNP, explicó que la idea del programa surgió por casualidad en 2017. Una amiga tenía ropa para donar y Akabas Barze le sugirió entregársela a una madre afgana. “Seis meses después, mi amiga me dijo: ‘Tengo más cosas. Mi hija ya creció. ¿Debería dárselas a la misma persona?’”. Añadió que eso inspiró la idea de convertir el acto de donar ropa en una relación a largo plazo entre familias neoyorquinas y migrantes recién llegados.
“Muchas personas dependen de la ropa que heredan entre familias, algo que no está disponible para quienes no tienen familiares o amigos aquí. Toma mucho tiempo construir redes de apoyo”, dijo. “Entonces conectamos a recién llegados con familias locales en acuerdos a largo plazo para compartir ropa y artículos usados. La idea realmente creció porque los padres buscan maneras significativas de donar la ropa de sus hijos”.
También explicó que NNP ofrece referencias, orientación sobre recursos y programas para migrantes recién llegados que tienen en cuenta la cultura de sus países de origen. El año pasado la organización ayudó a más de 600 personas de 40 países diferentes a través de su programa de donación de ropa, dijo. La iniciativa ha mantenido una tasa de retención superior al 90% tanto entre las madres, como entre los voluntarios.
Algunos beneficiarios se han convertido en voluntarios, como Paula Rivera, de 40 años, quien junto a su esposo Alex preparó el fondo decorativo y tomó fotografías de las familias que asistieron al baby shower comunitario.

“Como una metáfora, yo describiría a NNP como un pulpo, con tentáculos llenos de recursos para todos los aspectos de las necesidades familiares”, dijo Rivera, quien emigró de Colombia en 2017 junto a su esposo y su hija de 11 años. Recordó que abandonaron sus carreras como artistas y trabajadores sociales al mudarse a Nueva York. “No teníamos nada. Fue muy difícil ver cómo íbamos a vivir, no solo sobrevivir, en este país. Tratando además de hacerle entender a mi hija que no podíamos regresar a nuestro país”.
La organización la ayudó con recursos para su hija mayor y sus gemelos, nacidos en 2021. Incluso recibió apoyó para establecer su propio negocio de fotografía. “Mis hijos van a cumplir cinco años y durante esos cinco años puedo decir que el 90% de su ropa y zapatos provino de las familias aliadas”, agregó. “Les dije que cuenten conmigo para cualquier cosa. Me gusta devolver el mismo amor que he recibido de ellos”.
A Espinales también le gusta contribuir siempre que puede. Durante una de las cenas comunitarias —donde las familias se reúnen para compartir comidas típicas de sus culturas— repartió pinolillo, una bebida a base de leche, maíz, cacao y especias. “Solo llevé un galón porque no sabía si les iba a gustar… pero se lo tomaron todo”, contó entre risas.
El baby shower del 26 de abril fue financiado mediante donaciones comunitarias y un subsidio de $5.000 del Community Baby Shower Fund del presidente del condado de Brooklyn, un programa que apoya eventos comunitarios para familias en vecindarios con tasas altas de mortalidad y morbilidad materna. Las familias también recibieron paquetes con suministros para bebés, ropa, juguetes y otros productos donados por empresas locales.
Espinales dijo sentirse agradecida de haber asistido al evento y de ver a otras familias sonriendo y disfrutando del momento. Añadió que le emocionó ver que su hijo adolescente le había preparado una tarjeta por el Día de la Madre.
“Me gustó mucho porque no solo había actividades para mí, sino también para mi hijo”, dijo. “Él es muy detallista y la decoró con corazones para mí. Fue realmente hermoso”.
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