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Migrantes alegan que la comida en los refugios de la ciudad les está enfermando

Documented encuestó a 58 migrantes que viven en refugios del DHS. Casi la mitad dijo que nunca comen la comida porque les hace enfermar y el resto la consume a veces porque no tienen otras opciones.

Manuel dice que preferiría morir de hambre que comer la comida en el refugio donde él y su familia viven. La mayoría de los días, deambula por las calles de Nueva York pidiendo trabajo y comida a extraños para alimentar a su familia. Cuando no tiene éxito, la familia se salta las comidas. Dice que evita la comida proporcionada por la ciudad porque hacen que su familia se enferme físicamente, dándoles episodios de diarrea, vómitos y mareos.

“Prefiero comerme dos cucharadas de azúcar y volver a dormir para evitar sentir hambre”, dijo.

Como solicitante de asilo de Venezuela, Manuel fue alojado temporalmente en el Hotel Redbury en Manhattan en octubre de 2023, junto con su esposa y cuatro hijos, de edades ocho, 15, 17 y 18 años. Su hija, Mary, de 15 años, quien prefiere ser llamada por el apodo que usa su familia para ella, ha estado en el hospital al menos dos veces en los últimos seis meses por deshidratación, vómitos y diarrea, dijo Manuel.

El pasado diciembre, Mary salió de una visita a la sala de emergencias con una firme recomendación por escrito del médico: “Por favor, permita que los padres proporcionen comida/comidas para la paciente de acuerdo con su dieta preferida, ya que ha sido tratada por deshidratación en la sala de emergencias”, decía la nota del hospital.

Aun así, el personal del hotel no permite que la familia traiga sus comidas dentro de sus habitaciones, dijo Manuel.

Foto de Zanahorias y carne de soya, la comida que enfermó a Valentina y Gabriela en noviembre de 2023.

Además, no ha habido cambios en las opciones de comida, a pesar de múltiples solicitudes realizadas por la familia y quejas presentadas por al menos ocho personas entrevistadas por Documented que han estado viviendo en el mismo hotel durante meses. En lugar de eso, todas las noches, el personal deshecha decenas de comidas, muchas de las cuales no han sido tocadas por los residentes del refugio que temen enfermarse por ellas, dijeron personas entrevistadas por Documented.

Manuel y su familia están lejos de estar solos. En una encuesta sin precedentes, Documented habló con 58 solicitantes de asilo, en su mayoría venezolanos, en 15 refugios gestionados por el Departamento de Servicios para Personas sin Hogar (DHS por sus siglas en inglés), en los cinco distritos de la ciudad.

Mary recibió esta carta en la sala de emergencias cuando fue tratada por deshidratación en diciembre de 2023.

Todos describieron enfermarse después de comer las comidas que recibían en los refugios, lo que a menudo resultaba en dolores de estómago, vómitos, diarrea y ocasionalmente, visitas a la sala de emergencias. De las 58 personas entrevistadas, casi la mitad de los migrantes dijeron que no comen las comidas en el refugio en lo absoluto, mientras que el resto comía la comida ocasionalmente. Del mismo modo, casi la mitad de los migrantes dijeron que sus hijos se habían enfermado después de comer las comidas, mientras que cinco dijeron que ellos también se habían enfermado y 10 dijeron que las comidas estaban congeladas cuando se las servían.

Expertos en seguridad alimentaria y médicos dicen que es difícil demostrar científicamente que las comidas en los refugios están enfermando a migrantes, pero decenas de residentes de refugios dicen que poco después de dejar de comer la comida proporcionada por el DHS, se sintieron mejor.

Desde la primavera de 2022, más de 192,600 solicitantes de asilo han llegado a la ciudad en necesidad de refugio y actualmente, más de 65,700 permanecen bajo el cuidado de la ciudad, según datos proporcionados por el DHS.

En respuesta a la llegada de miles de migrantes, la ciudad abrió más de 221 sitios de emergencia para proporcionar refugio a los migrantes, según el DHS. Varios organismos de la ciudad han supervisado estos refugios, incluyendo el Departamento de Servicios para Personas sin Hogar, el Departamento de Preservación y Desarrollo de Viviendas, el Departamento de Salud e Higiene Mental, y la Corporación de Salud y Hospitales.

Según las reglas de la Ciudad de Nueva York, el DHS debe cumplir con requisitos específicos en los refugios para familias. Los operadores de estas instalaciones son responsables de proporcionar servicios que, como mínimo, incluyan acceso a tres comidas balanceadas diariamente.

Las políticas del DHS también prohíbe electrodomésticos de cocina que puedan representar un peligro de incendio, como placas calientes, arroceras y microondas, en refugios sin acceso a cocina tal y como es el caso en los cuartos de hoteles donde se alojan familias solicitantes de asilo. En cambio, el departamento proporciona servicios de comida regulares que deben cumplir con los Estándares de Alimentación de la Ciudad de Nueva York, dijo la agencia. Estos incluyen comidas congeladas que son aptas para microondas y suministros de alimentos para bebés, fórmula para bebés y leche para familias.

“Mientras creamos sitios de emergencia para proporcionar refugio a decenas de miles de solicitantes de asilo a una velocidad y escala rápidas, nuestros increíbles trabajadores de primera línea continúan trabajando las veinticuatro horas del día para proporcionar servicios esenciales, incluido el acceso a servicios regulares de comida que cumplan con los sólidos Estándares de Alimentación de la Ciudad de Nueva York”, dijo Neha Sharma, portavoz del Departamento de Servicios Sociales, que supervisa el Departamento de Servicios para Personas sin Hogar, a Documented por correo electrónico.

Vómitos, diarrea y dolores de estómago durante días

En noviembre, justo unos días después de ser reubicadas en un hotel que alberga a familias migrantes en Jamaica, Queens, Valentina y Gabriela se enfermaron después de comer zanahorias y carne de soya, la comida que les dieron los trabajadores del refugio. Durante la noche, empezaron a vomitar, tuvieron diarrea y experimentaron dolores de estómago severos que duraron por varios días.

Mientras revisaba una carpeta gruesa con sus expedientes médicos, su madre Antotatiany, que llegó a Nueva York desde Venezuela, dijo que entre noviembre de 2023 y febrero de 2024, Valentina, de 16 años, perdió 10 libras. Su hermana Gabriela, de 9 años, perdió seis. Las niñas usan sus segundos nombres por temor a ser expulsadas del refugio. Antotatiany prefiere ser identificada por su apodo familiar.

Después de esa primera comida en el refugio, sus vidas cambiaron. Las niñas dicen que a menudo se sienten mareadas y somnolientas. “Solía hacer gimnasia, pero ahora estoy demasiado débil”, dijo Valentina. “Ahora, incluso tengo miedo de hacer una pirueta y caerme”. Según su madre, Gabriela suele quedarse dormida en clase y la escuela la ha llamado en múltiples ocasiones para reportarlo.

A las niñas les encanta ir a la escuela. Ya han hecho amigos y lo ven como un espacio seguro fuera del refugio donde viven, dijo Valentina, quien señala que el personal puede entrar en las habitaciones en cualquier momento, incluso hasta las 11:00 p.m. Pero cada vez que se enferman después de comer las comidas del refugio, pierden clases y no pueden ver a sus amigos ni beneficiarse de las comidas que se sirven en la escuela.

Las niñas llegaron a la Ciudad de Nueva York con sus padres en abril de 2022. En su país natal estaban luchando para llegar a fin de mes ya que Venezuela es un país que está enfrentando conflictos políticos y un sistema de salud plagado de escasez de medicamentos, falta de agua y productos básicos de salud.

Después de un viaje que duró un mes desde Venezuela, caminando y tomando autobuses hacia el norte, finalmente llegaron a suelo estadounidense en abril de 2022. Después de cinco días en un centro de detención, la familia fue volada a la ciudad de Nueva York por Caridades Católicas, dijo Antotatiany. La familia fue colocada en un refugio tradicional administrado por el DHS en Flushing, Queens, donde podían cocinar y comprar sus comidas. La familia estaba agradecida por la vivienda que la ciudad les proporcionó y estaba ahorrando dinero para alquilar un apartamento.

Pero en noviembre de 2023, fueron trasladados a un hotel para familias solicitantes de asilo con 224 habitaciones en Jamaica, Queens. Desde entonces, la familia, especialmente las niñas, ha tenido problemas con las comidas.

Valentina y Gabriela supieron desde la primera comida en el hotel que ésta les estaba haciendo daño. Aun así, cada vez que sus padres no podían comprarles otra alternativa, se alineaban con otros solicitantes de asilo para obtener bandejas de comida que se recalientan en microondas. En el hotel, no tienen acceso a instalaciones de cocina, por lo que tenían que comprar comida preparada en la calle o conformarse con la comida que se les proporciona el refugio.

Pero enfermarse justo después de mudarse a un nuevo país no es algo raro, dijeron a Documented un pediatra, un experto en enfermedades transmitidas por alimentos y un ingeniero biológico. Cuando las personas se mudan de continente, su microflora cambia y puede haber ingredientes en la comida que sus cuerpos no están acostumbrados a consumir, explicó la Dra. Manuela Orjuela-Grimm, epidemióloga y pediatra del Hospital Presbiteriano de Nueva York.

“Si son solo niños, no significa que el problema es la comida per se, simplemente puede ser una desconexión entre la comida y lo que pueden tolerar”, dijo la Dra. Orjuela-Grimm.

La Dra. Orjuela-Grimm dijo que ha escuchado de colegas que también investigan la migración infantil que algunos migrantes han recibido comidas en mal estado en campamentos de tránsito en algunos países de América Central. Esto puede ofrecer un contexto sobre por qué las familias están preocupadas de que puedan estar recibiendo comida no segura, dijo.

“Es alentador que dejaran de comer esas comidas y dejaran de tener los síntomas”, dijo la Dra. Orjuela-Grimm. “Pero podría haber muchas cosas detrás de eso”. Cada caso necesita ser examinado individualmente, dijo.

Nicole Sánchez, su hija de 2 años, Euris, y su hijo de 2 meses, Eydan, en los escalones de un edificio junto al Hotel Redbury. Sánchez dijo que Euris perdió 6 libras desde que llegó a Nueva York.
Leche cortada estado servida en un albergue para solicitantes de asilo en Jamaica, Queens.
Hot dogs servidos durante el almuerzo del 6 de marzo en el Hotel Le Jolie.

Dañado, nutricional o médicamente inapropiado, o crudo

Ante las crecientes quejas y reportes noticieros sobre la mala calidad y el desperdicio de comida en los refugios, el DHS envió un correo electrónico a principios de febrero de 2024 al personal del refugio contratado para posiciones temporales con indicaciones sobre el recibimiento de alimentos de los proveedores, la rotación, descarte, pedidos, almacenamiento y manipulación de comida en éstas instalaciones.

Shanise Joseph, una ex supervisora del turno de noche contratada por una agencia temporal para trabajar en el Hotel Le Jolie en Brooklyn entre abril y julio de 2023, dijo que los solicitantes de asilo describían la comida como “asquerosa, insípida y rancia”.

Joseph recibió el correo electrónico después de dejar ese trabajo, pero mientras trabajaba en el hotel, nunca recibió instrucciones tan detalladas sobre cómo se suponía que debía manipularse la comida, aparte de asegurarse de que la cantidad de comidas recibidas coincidiera con los pedidos. Si había algún problema con la comida después, no había documentación para registrarlo a menos de que se llamara a una ambulancia o a un equipo de respuesta de emergencia, dijo Joseph.

El correo electrónico enviado por el DHS especifica que el personal no debe desechar la comida de las personas, como comida para llevar, comidas preparadas y refrigerios. “A los clientes se les permite tener esta comida en el refugio”, dice el email.

Pero en una docena de entrevistas con solicitantes de asilo en varios refugios, ellos afirman que a menudo se les restringe llevar comida a sus habitaciones, incluso si ya está preparada o empaquetada. El personal les dice que la comida debe ser consumida en el comedor, o de lo contrario, será desechada.

Al menos una docena de los migrantes entrevistados también afirmaron que los refugios no tenían suficientes microondas para el número de familias alojadas en las instalaciones; por lo tanto, a veces se restringían los tiempos de recalentamiento y las familias terminaban con comidas congelada. Según el DHS, no hay límite de tiempo en el uso de microondas.

De izquierda a derecha, Valentina, Antotatian y Gabriela cruzan una calle en Queens.

Representantes de la ciudad también han expresado sus preocupaciones al DHS y a la administración del alcalde Eric Adams.

“En ocasiones, a los residentes de los refugios en toda la ciudad se les ha servido comida que está dañada, es inapropiada nutricional o médicamente, o está cruda”, dijo la concejala Julie Menin en una reunión del Concejo Municipal de diciembre de 2023 para revisar la contratación de comida para los refugios. “Muchos niños migrantes tienen dificultades para adaptarse a la comida en los refugios, lo que ha provocado náuseas, vómitos y otros problemas gastrointestinales. Algunos incluso han tenido que ser hospitalizados.”

La concejala Julie Won añadió que ha recibido llamadas de profesionales médicos, maestros, directores de escuelas y padres preocupados por la calidad de la comida y por niños que están desnutridos, que pierden peso rápidamente y se enferman por la comida.

En la reunión del Concejo Municipal de diciembre, Won también señaló que la comida en un refugio en Long Island City se estaba colocando en mesas en áreas de comedor sin refrigeración durante horas.

Cuando se le preguntó sobre las preocupaciones planteadas por los solicitantes de asilo sobre las comidas, Sharma, la portavoz del DHS, dijo a Documented que proteger la salud y la seguridad de sus clientes es su prioridad. En correo electrónico del 19 de marzo escribió: “Como siempre lo hemos hecho, DSS-DHS cumple con las regulaciones alimentarias en todos los sitios mientras nos aseguramos de que todos nuestros clientes estén recibiendo un estándar de servicios consistente”, escribió la portavoz.

Sin embargo, cuando Documented habló con Manuel, él dijo que la “comida no es apropiada para el consumo humano”. En muchos casos, su hija de 15 años, Mary, se salta las comidas, lo que la ha dejado constantemente mareada y débil.

Los proveedores de alimentos

Los miembros del concejo han estado cuestionando la calidad de las comidas de los proveedores de alimentos, y una revisión de documentos públicos encontró que las compañías de alimentos contratadas por el DHS y subcontratadas por organizaciones que gestionan los refugios tienen violaciones de fabricación que representan un riesgo para la salud y violaciones laborales.

La Oficina del Contralor de la ciudad publicó un informe en noviembre de 2023 que aborda problemas existentes dentro del proceso de contrataciones de emergencia y encontró que las agencias de la ciudad “no están haciendo lo suficiente para garantizar que los proveedores y subcontratistas hayan sido adecuadamente examinados, supervisados y evaluados”. El informe analizó contratos de emergencia que incluían refugio, comidas, atención médica y asistencia legal para nuevos migrantes.

Pollo con salsa de mole, puré de batatas y brócoli servido en el antiguo Hotel Courtyard en Jamaica, Queens.

El DHS declinó responder las preguntas sobre cómo el departamento asegura que los contratistas y subcontratistas sean adecuadamente examinados y que su desempeño sea evaluado.

A medida que el DHS aún está tomando medidas para abordar los problemas planteados sobre las comidas, los solicitantes de asilo sufren las consecuencias.

Después de más de cuatro meses sin poder digerir las comidas, y episodios de diarrea, vómitos y cólicos estomacales, Antotatiany y sus dos hijas, Valentina y Gabriela, intentan mantenerse resilientes.

Aun así, saben que hay poco que puedan hacer. Su única esperanza es poder ganar lo suficiente para alquilar un apartamento en la ciudad y cocinar sus propias comidas.

“Estamos gastando dinero en comidas para llevar todos los días”, dijo Antotatiany. “Al menos, si cocinamos y comemos en casa, podemos ahorrar, pero gastar en comidas para llevar nos ha hecho imposible ahorrar lo suficiente para cubrir las tarifas del corredor, pero en nombre de Dios lo resolveremos”.

El Centro de Periodismo de Investigación Toni Stabile contribuyó a este informe.

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