Durante las tres primeras semanas del Mundial, los aficionados de la selección ecuatoriana se hicieron sentir en todo Estados Unidos: vistieron las camisetas del equipo en Roosevelt Avenue, en Queens; bajo las pantallas gigantes de Times Square; en restaurantes llenos de aficionados; y en los estadios de Kansas City, Filadelfia y Nueva Jersey.
Edward López, de 26 años, sintió cómo el estadio MetLife, en Nueva Jersey, temblaba por los saltos eufóricos de los aficionados durante el partido de Ecuador contra Alemania el jueves pasado. Miles se abrazaban con familiares y desconocidos por igual mientras celebraban una victoria histórica.
En claro contraste con la alegría del triunfo, el estadio retumbó con miles de voces que cantaban: “No puedo verte triste, porque me mata. Tu carita de pena, mi dulce amor. Me duele tanto el llanto que tú derramas. Que se llena de angustia mi corazón”.
Era “Nuestro Juramento” de Julio Jaramillo, un bolero sobre el amor y la devoción que es considerado por muchos ecuatorianos como su segundo himno nacional.
“Toda la gente, incluso hasta los niños que son nuevas generaciones, sabían esa letra”, dijo López, quien agregó que no pudo contener las lágrimas. “El fútbol es algo que une a todo el mundo. Todo el país se paraliza por un momento, sin importar las clases sociales”.
Desde reunirse con sus familias para ver los partidos hasta apoyar a la selección desde las gradas de los estadios, los inmigrantes ecuatorianos que hablaron con Documented dijeron que seguir a Ecuador durante el Mundial significó mucho más que disfrutar de un evento deportivo. Para ellos, fue un momento poco común de orgullo colectivo y unidad que les permitió olvidarse, aunque fuera por unas horas, de los problemas y las presiones de la vida cotidiana.
Cerca de 530.000 ecuatorianos viven en Nueva York, según un estudio publicado en marzo por el CUNY Graduate Center. Aproximadamente el 61% vive en la ciudad de Nueva York, principalmente en vecindarios como Corona y Jackson Heights, en Queens, y Bushwick y Sunset Park, en Brooklyn.
Durante el mundial, que empezó el 11 de junio, varios restaurantes y centros comunitarios en la ciudad han organizado reuniones (Watch Parties) para seguir los partidos.
El Consulado de Ecuador también realizó actividades relacionadas con el torneo, entre ellas la inauguración de un cuadro del artista ecuatoriano Héctor Anchundia que representa las contribuciones de la diáspora ecuatoriana. La obra será exhibida de manera permanente en la sede del consulado, en Manhattan.
El alcalde de la ciudad, Zohran Mamdani, también destacó a la comunidad ecuatoriana la semana pasada en su show The Morning Pitch, en el que ofrece información sobre el clima, el tránsito y los partidos del Mundial que se disputan cerca de la ciudad.
Mamdani saludó a “los más de 220.000 neoyorquinos ecuatorianos que alientan a La Tri” y recordó la historia del delantero Enner Valencia, de 36 años, quien creció en el Valle del Chota, una de las regiones más pobres de Ecuador. También contó la historia de las comunidades afroecuatorianas, cuyos ancestros fueron personas esclavizadas.
En su mensaje, Mamdani resaltó cómo ex futbolistas ecuatorianos han invertido sus ganancias en obras de infraestructura para sus comunidades y aseguró que la “magia del Mundial” va más allá de la cancha.
“La magia de un torneo que permanece cuando los niños pueden beber agua potable y recibir atención en nuevos hospitales. La magia de un torneo que, de vez en cuando, también logra enfrentar la injusticia”, dijo.
Para López, quien vive en Brooklyn, escuchar esas palabras lo llenó de humildad. “Se expresó de una manera impresionante”, reflejó. “Somos gente trabajadora. Es un logro enorme para la comunidad migrante y ecuatoriana”.

López comenzó a ahorrar para comprar su entrada de 1.500 dólares desde octubre del año pasado. Incluso aceptó turnos adicionales en su segundo empleo como extra en producciones de cine y televisión.
“La verdad es que sí tuve que trabajar mucho. Porque esta experiencia yo la quise vivir”, dijo. “De hecho, soy el primer miembro de mi familia que va a un Mundial”.
Aunque viajó solo al partido, dijo que hizo amistades en el camino al estadio y que, al llegar, sintió que estaba rodeado de personas que compartían el mismo sentimiento de pertenencia. También le regaló a su padre una camiseta oficial de la selección para el Día del Padre.
“Se le iban las lágrimas de emoción, porque a él le encanta el fútbol”, contó López, quien no ve a su padre en persona desde que emigró de Ecuador hace tres años. “Nunca había tenido una camiseta original de la selección”.
Patty Cabrera, de 37 años, también compartió un momento especial con su padre cuando ambos asistieron al partido frente a Alemania.
“Mi papá lloró. Fue el primer Mundial de mi papá. Ya tiene más de 60 años, entonces es lindo poder compartir con mi papá eso”, dijo Cabrera, quien emigró de Ecuador hace 27 años y vive en Port Chester.
Explicó que su padre es dueño del restaurante Don Lucho, especializado en comida ecuatoriana. “En cada eliminatoria, en cada amistoso, y ahora en el mundial recibimos a todos los ecuatorianos que quieran celebrar con nosotros”, agregó. “La gente dice es la casa de la selección.

El restaurante organizó sorteos de camisetas durante los partidos e incluso ofreció shots gratuitos cuando Ecuador empató ante Curazao y Costa de Marfil.
Cabrera aseguró que durante este Mundial ha visto a personas de todas las edades caminar por el vecindario con la camiseta de Ecuador.
“El país pasa tanta dificultad, tanta pobreza, tanto crimen”, dijo, al referirse a la crisis de violencia vinculada al crimen organizado que afecta al país desde hace varios años. “Sin embargo, una victoria de la selección nos llena de tanta alegría que uno se olvida en ese momento. Ese es el impacto tan grande que tiene la selección y el fútbol en nuestro país”.
La victoria frente a Alemania permitió a Ecuador avanzar a los octavos de final por apenas la segunda vez en la historia de sus participaciones en un Mundial.
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Pese a la eliminación, Cabrera dijo sentirse orgullosa de la forma en que la selección luchó hasta el último minuto durante el partido frente a México, disputado en el histórico Estadio Azteca. “Como buena hincha sé disfrutar de las victorias y levantarme de las derrotas”, dijo, aunque reconoció que esperaba que Ecuador avanzara más en el torneo.
“Gracias, selección, por permitirme soñar”, dijo. “Por emocionarme con cada jugada y por permitirme gritar dos goles que quedarán en la historia”.
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