Lorna Wilson y otros 40 voluntarios de la despensa de alimentos estaban a mitad de su turno dentro de la Iglesia Metodista Fe Unida (Faith UMC por sus siglas en inglés) en un soleado día de noviembre cuando media docena de agentes de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) llegaron.
“Recuerdo decirle a todos que entraran a la iglesia”, dijo Wilson, tesorera de la iglesia de Port Richmond. “Diez minutos después, escucho ‘boom, boom, boom, boom, boom’ en la puerta. ‘¡ICE, ICE!’”
Durante más de 50 años, Faith UMC ha organizado una repartición de alimentos quincenal para los residentes de Port Richmond. Cientos de personas antes rodeaban la esquina de la avenida Heberton — para recoger comida, ropa y otros suministros — pero desde la redada, Wilson dice que los voluntarios de la iglesia pasan horas sin visitantes, viendo a unas pocas personas “llegar a cuentagotas”.
Muchos de los que han frecuentado la despensa de alimentos de la iglesia a lo largo de los años provienen de la comunidad inmigrante latina de Port Richmond. Pero los aumentos pronunciados en los arrestos de ICE que han ocurrido recientemente en toda la ciudad han alterado la vida cotidiana del barrio.
Desde el inicio de la segunda administración Trump, los arrestos de ICE en las calles de Nueva York han aumentado más de un 200 por ciento, incluyendo la costa norte, mejor conocida como North Shore, de Staten Island. Aunque el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) no registra datos de arrestos por cada condado de la ciudad de Nueva York, los reportes de arrestos de ICE en tiendas, parqueaderos, esquinas de la calle y frente a las casas de las personas en Staten Island han aumentado desde octubre en un barrio en particular: Port Richmond.
Port Richmond es el corazón de la diversidad, muchas veces obviada, de la North Shore de Staten Island. Es conocido como el “Little Mexico” (Pequeño México), de Staten Island, pues casi la mitad de la población del vecindario es latina — con tasas de ascendencia mexicana que cuadruplican el promedio de la ciudad. Port Richmond, como el resto de la North Shore, vota regularmente demócrata en elecciones municipales, estatales y federales — mientras que el resto del condado se inclina más por el voto republicano.
“Hemos estado viendo a mucha gente hablar sobre agentes de ICE teniendo enfrentamientos con residentes de Staten Island, especialmente en Port Richmond”, dijo Abou Sy Diakhate, co-presidente del Consejo de Inmigrantes de Staten Island.
Las redadas han cambiado la vida de los inmigrantes en el área, desde cómo trabajan hasta cómo consiguen alimentos y ropa, dicen los defensores. Y algunos residentes incluso creen que presenciar la presencia de ICE ha suavizado el corazón de algunos críticos de la inmigración.
Las redadas de ICE y el miedo alrededor de ellas han tenido un impacto en muchos aspectos de la vida en Port Richmond. Han provocado dos protestas estudiantiles recientes en escuelas secundarias locales, y se han programado eventos de vigilancia de ICE. La aplicación de la ley ha afectado particularmente a los jornaleros — muchos de ellos son indocumentados — según Gonzalo Mercado, director de programas transnacionales de la Red Nacional de Organización de Jornaleros (NDLON, por sus siglas en inglés).
Joshua, quien pidió usar un seudónimo por temor a su seguridad, es un trabajador de 35 años que vive en Port Richmond. Es un inmigrante de México sin estatus migratorio, que ha creado un negocio de contratación durante los últimos 19 años, realizando trabajos de construcción pequeños y medianos en toda la North Shore, pero dijo que el último año, con la aplicación de las leyes migratorias, los jornaleros se sienten expuestos y vulnerables.
En un momento, Joshua y su equipo de 10 a 15 jornaleros podían conseguir regularmente contratos que valían decenas de miles de dólares. Desde el inicio de 2025, eso ha cambiado.

“Hace dos años, me iba muy bien. Tenía grandes contratos”, dijo Joshua. “Ahora no tengo nada”.
Las noticias de mayores arrestos, detenciones y deportaciones han asustado a algunos de sus clientes habituales y a casi todos los clientes potenciales de trabajar con él o su equipo, explicó Joshua. “Piensan que si pagan el dinero, vamos a desaparecer”, dijo, refiriéndose al temor de que los contratistas sean arrestados y deportados a mitad del contrato laboral.
Incluso aquellos que trabajan con jornaleros se sienten presionados financieramente. Los aranceles sobre los suministros de construcción han reducido los trabajos de contratación de los que dependen muchos jornaleros. Joshua tiene ahorros, pero sus reservas podrían agotarse pronto si no regresan las oportunidades de trabajo. “Si sigue así, probablemente en seis u ocho meses, tengo que regresar [a México] porque no tiene sentido quedarme aquí”, dijo.
Negocios como el de Joshua les dan a los jornaleros sin estatus migratorio una forma de conseguir trabajos estables sin tener que esperar afuera para conseguir empleo, expuestos y vulnerables. Pero la falta de nuevos contratos para negocios como el de Joshua ha significado que sus empleados, junto con muchos otros en su misma situación, hayan terminado buscando trabajo — en gran medida sin éxito — de nuevo en las calles.
“Vivimos día a día y trabajamos todos los días”, dijo Joshua. “Pero ahora con esta situación no tenemos trabajo”.
Los jornaleros fueron dejados en el frío
Los defensores temen que esta pérdida de trabajo haya llevado a un aumento notable en personas sin hogar entre los jornaleros, dijo Mercado. Nueva York no tiene datos específicos del estatus migratorio de las personas sin hogar, ni tampoco a nivel de vecindario, pero el número de adultos solteros en Staten Island que buscaron refugio durante los últimos seis meses de 2025 fue un 21 por ciento mayor que en el mismo período de 2024.
Ana, una trabajadora doméstica y organizadora comunitaria de 66 años que asiste al programa Adopt-a-Corner (adopta una esquina) de NDLON, dijo que la cantidad de personas sin hogar que ha visto actualmente no tiene precedentes. También pidió que Documented use un seudónimo para proteger su seguridad.
“Siempre hemos tenido jornaleros que se quedan sin hogar en el invierno, pero nunca en estos números”, dijo a través de un traductor de español. “Cuando voy a la esquina, no era solo uno o dos, sino que había como unos 30 a 35 hombres”.
Estar en las esquinas de las calles — ya sea buscando trabajo o debido a la falta de vivienda — se ha vuelto cada vez más peligroso para los jornaleros en Port Richmond, dijo Mary Hernandez, voluntaria del programa Adopt-a-Corner de NDLON.
“Lo que empezó a pasar fue que las personas eran detenidas de manera oportunista en las áreas donde ICE tenía una orden para alguien”, explicó Hernandez. “Estaban sentados afuera de esa dirección, pero luego si cualquier persona con apariencia morena pasaba, salían del carro y exigían saber de dónde era”.
Mercado agregó: “He trabajado en Port Richmond en temas de derechos de inmigrantes desde 2004. Nunca he visto a ICE en la calle de esa manera”.

Una comunidad responde
Vecinos preocupados y organizaciones comunitarias locales están interviniendo. El programa Adopt-a-Corner, fundado sobre la premisa de que miembros de la comunidad se mantengan, literalmente, junto a los inmigrantes como amigos y aliados, se ha expandido, ahora donando abrigos de invierno, mochilas y otros artículos útiles a las personas recientemente sin hogar en Port Richmond.
El reverendo Hank Tuell, de la Iglesia Episcopal St. John’s en Rosebank, cerca del puente Verrazzano en el lado opuesto de la North Shore, ha sido uno de los líderes religiosos que ayudan a coordinar la respuesta comunitaria a los arrestos en Port Richmond. Los voluntarios han estado haciendo “todo, desde hornear galletas, hasta sirviendo en las filas de las despensas de alimentos, hasta hacer vigilancia de ICE”, dijo el reverendo Tuell.
A través de la supervisión de ICE, los miembros de la comunidad informan a los vecinos sobre el aumento de la presencia de agentes y describen vehículos a través de chats privados y en redes sociales. En la página de la SI MigraWatch Network en Instagram, por ejemplo, las personas pueden enviar fotos y videos de vehículos sospechosos de ICE y ubicaciones donde han ocurrido arrestos anónimamente. Los administradores de la página luego intentan verificar las ubicaciones de los arrestos o los vehículos antes de subirlos a la página.
Tuell también ha buscado donaciones monetarias para el trabajo de respuesta y es aquí donde dice que está viendo un cambio de actitud en algunos de sus feligreses y en la comunidad.
“Tengo miembros de la iglesia que están mucho más en el lado conservador de la política que están haciendo donaciones monetarias”, explicó. “Se dieron cuenta de que esto no es lo que pensaban que iba a pasar”.
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Desde el inicio de la segunda administración Trump, los arrestos de ICE de personas sin condenas criminales han aumentado siete veces. Tuell cree que para los residentes de Staten Island ver a personas que conocen siendo arrestadas sin tener antecedentes penales está realmente haciéndolos cambiar de opinión.
“Con suerte, después de que todo esto termine, habrá un reconocimiento mucho más amplio sobre la comunidad inmigrante”, dijo Ana. “La mayoría de ellos no son malas personas. Son buenas personas que solo están tratando de mantener a sus familias”.
Traducción: Ana Maria Betancourt Ovalle.
